El esfuerzo saludable

Frecuentemente escuchamos que el esfuerzo es el único camino para alcanzar nuestras metas. Es un mandato social arraigado, transmitido de generación en generación: nos esforzamos por concluir una formación, por sostener un empleo o por construir una familia. Incluso, a menudo, nos agotamos intentando encajar y agradar a los demás.

Sin embargo, este ímpetu solo es saludable si, como proponen el Taichi y la Meditación, se transforma en un suave esfuerzo.

El esfuerzo que consume

Existe un esfuerzo que nos consume, aquel que nos susurra que detenerse es perder el tiempo. Ese es el esfuerzo que enferma, que desanima y deprime; es, en realidad, un sobreesfuerzo que nos deja sobrepasados. Por el contrario, el suave esfuerzo nos invita a persistir desde la naturalidad. Nos enseña a dar espacio entre las acciones, a escuchar el proceso, a valorar el descanso y a respetar los tiempos de recuperación.

La sabiduría del Taichi y la Meditación

Ya sea en movimiento o en quietud, el suave esfuerzo nos mantiene conectados con nuestra esencia y en armonía con el entorno, desplegando la presencia en nuestra interconexión diaria.

La sabiduría taoísta, raíz del Taichi, nos invita a practicar esa entrega capaz de soltar la tensión y el exceso de control. Movernos en la práctica es, en esencia, aprender a movernos en la vida y con la vida. Es permitir que la existencia fluya a través de nosotros, aceptando sus ciclos naturales y observando el dolor que nace del apego, la resistencia o la evitación.

En la quietud de la Meditación, este suave esfuerzo se traduce en soltar el control a través de la espiración. Mantener una mente atenta pero amable, capaz de retornar a la respiración cada vez que es secuestrada por el torbellino de los pensamientos o las emociones.

Mindfulness (Atención Plena) nos invita a aplicar el suave esfuerzo desde la perseverancia y la confianza y, por qué no decirlo, también desde la fe de que en nuestro interior habita un lugar seguro, luminoso y sabio; un espacio que se desvela si somos constantes y amorosos con nosotros mismos, sin dejarnos abatir por el desánimo o el deseo de resultados inmediatos.

Ya sea en movimiento o en quietud, el suave esfuerzo nos mantiene conectados con nuestra esencia y en armonía con el entorno, desplegando la presencia en nuestra interconexión diaria.

Para avanzar en nuestro camino —a través del gesto consciente del Taichi y el silencio de la Meditación— se requiere de esa perseverancia que no olvida la pausa, ni el valor sagrado de una respiración profunda.

Àngel Rubí

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