En el artículo anterior hice referencia a la importancia de la pausa. Tal vez sea el primer paso a realizar, aunque le precede la intención a hacerla.
De dónde surge esa intención, es una gran pregunta. Tal vez venga de esa voz interna que aunque no la oigamos nos impulsa a hacer un cambio, un cambio no consciente que el cuerpo clama para que se le escuche.
Al finalizar los cursos de Mindfulness y Qigong para la reducción del estrés que imparto para el personal sanitario, los asistentes comentan que se llevan consigo el haber descubierto que necesitan dedicarse más tiempo para sí, otros expresan el deseo de poder realizarlo y mantenerlo y hay quien comparte que ha observado cómo estaba su sistema nervioso de alterado…
Ese impulso que emerge a la conciencia y que nos anima a atender lo que nos duele, para cambiarlo o sanarlo, proviene de un lugar de silencio y de quietud que nos pertenece pero que hemos olvidado de cómo comunicarnos con él.
Jack Kornfield comenta que “La verdadera tarea de la vida espiritual no se halla en lugares lejanos o extraños estados de consciencia: está aquí, en el presente”.
Este presente ocupa un lugar de silencio donde poder escuchar profundamente lo que nos acontece.
En las prácticas taoístas, el taichi es un camino que proclama percibir la quietud a través del movimiento, una quietud que nos desvela los maravillosos misterios del cambio y la transformación del Yin y el Yang, invitándonos a volver al origen, a volver al TAO.
Realmente no hay misterio, todo proviene de un lugar de silencio que contiene todo lo que somos, un paso, un gesto, revela en el día a día nuestro estado mental, nuestro estado de conexión con nosotros y la relación que establecemos con el otro, con nuestro entorno.
Este silencio, abre sus puertas a aceptarnos tal y como somos, sin juzgarnos, por lo que no se trata de ser diferentes, sino de sentirnos conectados con los que somos realmente, y por eso hace falta un retorno al silencio, que puede ser descubriremos como el Tao y que sólo se despliega en el momento presente.
Àngel Rubí
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